Así funciona Kidoro

Kidoro convierte la mesada en una experiencia familiar para que niños y niñas aprendan a ahorrar, gastar, compartir y avanzar hacia metas reales con acompañamiento adulto.

El kit está diseñado para que puedas empezar en casa de forma clara, visual y práctica. Al comprarlo, recibes acceso a un video explicativo paso a paso para aprender la dinámica completa en compañía de tus hijos.

Una forma más clara de hablar de dinero en casa

Hablar de dinero con los hijos puede sentirse difícil, especialmente cuando muchos adultos crecimos aprendiendo sobre ahorro, gasto y decisiones financieras a punta de ensayo y error.

Kidoro nace para darle a las familias una estructura sencilla: una meta real, una mesada, materiales visuales y pequeños momentos semanales para conversar sobre el dinero de una forma más natural.

La idea es que el niño no solo escuche explicaciones. La idea es que pueda ver, tocar, decidir, registrar y entender cómo sus decisiones lo acercan o alejan de lo que quiere lograr.

Qué hace diferente a Kidoro

Lo que hace distinto a Kidoro es su forma de unir educación financiera, juego físico, metas personales y acompañamiento familiar en una experiencia que los niños pueden entender y los adultos pueden sostener.

Paso a paso

El método Kidoro en 5 momentos

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Eligen una Gran Meta

Todo empieza con una meta que realmente le importe al niño: algo que quiera comprar, vivir, regalar o construir. Esa meta le da sentido al juego y convierte el ahorro en algo concreto, visible y emocional.

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Definen un momento de mesada

La familia elige un día fijo para entregar la mesada y revisar el avance. Ese pequeño ritual ayuda a crear constancia y a que el niño entienda que el dinero se organiza con intención.

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Usan materiales visuales

Kidoro usa plantillas, stickers, cartas, imanes y recursos físicos o imprimibles para que el niño pueda ver qué está pasando con su dinero y entender mejor conceptos como ahorrar, gastar, compartir y esperar.

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Conversan sobre decisiones reales

Cada semana aparecen pequeñas decisiones: guardar más, gastar menos, compartir, cumplir retos o buscar nuevas formas de generar ingresos. El adulto acompaña la conversación sin convertirla en una clase pesada.

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Cierran una meta y empiezan otra

Cuando termina una meta, la familia revisa qué pasó, qué aprendió el niño y qué puede hacer distinto en la siguiente ronda. Luego pueden volver a empezar con una nueva meta de 30, 60 o 90 días.